lunes, septiembre 26, 2005

Shakira y las monjas

Antes de comenzar quiero aclarar varias cosas: la primera que no soy amiga personal de Shakira, la segunda que esto no es una crítica musical ni personal y la tercera que yo sólo escucho música de Bach hacia atrás y cuando el día me pilla loco Molotov, Van Morrison y Totó la momposina.
Estudié en el colegio de “La Enseñanza” en Barranquilla y puedo decir que el día más feliz de mi vida fue aquél en el cual me entregaron el diploma de bachiller y salí a zancadas por la puerta de la capilla con una sonrisa imborrable y con la plena certeza de que nunca más regresaría. Detesté ese lugar desde siempre aunque fui una buena alumna becada a lo largo de mis estudios gracias a la muerte de mi padre y a la caridad de las monjas.
Por allí también pasaron la escritora Marvel Luz Moreno y Shakira. Marvel se sacó el clavo de la educación religiosa con descaro y elegancia escribiendo “En diciembre llegaban las brisas”, un retrato de la alta sociedad de Barranquilla en una época ya distante pero que funciona igual ahora en una ciudad en donde no pasa el tiempo y la memoria tiene condiciones amnésicas. Pero Shakira…
Las ganas de escribir esta suerte de artículo con pretensiones de ensayo psicológico de supermercado me vinieron ayer después de leer una noticia en “El Espacio” por la Internet, en donde la señora Graciela nosequé en su típico estilo sensacionalista anota que Shakira y sus amigos Alejandro Sanz y Paulina Rubio fueron pillados in fraganti por un papparazzi mientras fumaban un porro en la tranquilidad de un yate. La discusión parece ser que si a Alejandro y a Paulina lo del porro les resbala, a nuestra Shakira no, porque ella siempre ha cuidado de su imagen con recelo.
A mí lo del cuidado de la imagen siempre me ha resultado más una tarea con tintes metafísicos que un conjunto de maromas hechas por un grupo de publicistas en coro corriendo como hormigas y que no dejan de recordarme el sabio dicho barranquillero que no puede evitar hacer referencia al carnaval: “No es tanto disfrazarte de marimonda sino los brincos que te toca pegar”. Y de eso se trata precisamente la fama de un artista mediático, es un disfraz de marimonda, sólo que los brincos los pegan los publicistas montando el tinglado del tal cuidado de la imagen.
Yo a Shakira Mebarak (porque los barranquilleros llamamos a las personas por su nombre y apellido, costumbre ancestral que en ocasiones nos trae problemas cuando hablamos mal de alguien en un restaurante y los de la mesa de al lado están como dicen los españoles, “al loro”) la he visto personalmente una vez en mi vida. Yo rondaba los 16 años y ella los 10, ella estaba en sexto grado y yo en undécimo. Las de undécimo de la promoción de 1987 siempre nos caracterizamos por nuestra desintegración a la hora de organizar eventos, fiestas y sesiones solemnes. La cuestión estaba tan arraigada que ni siquiera tuvimos fiesta de grado o viaje de fin de curso porque a ninguna se le ocurrió asumir el liderazgo y en grupo no dimos para poner orden y dar a alguna la instrucción de tomar la sartén por el mango. Pues bien, una de esas ocasiones en las que se avecinaba el desastre total fue el acto del día del trabajo cuya organización correspondía a las de undécimo, y en medio de la alegría que implicaba el que 1987 era el año de nuestra liberación de la corrala donde habíamos estado prisioneras a lo largo de nuestras cortas vidas, se nos fue la olla y el acto se borró de nuestras mentes.
Pero por cosas del destino, y lo tengo clarísimo como si hubiera ocurrido ayer, de repente Merle Remedios (bautizada Merle por Merle Oberon y Remedios por su abuela, y aquí ya los lectores tienen que tener claro que con ese nombre sólo puede ser guajira) saltó de su silla y gritó: “¡Mierda! la cagá esa de sesión solemne nos toca a nosotras hoy.” Y todas a correr porque claro, una “cagá” era lo que iba a salir de todo aquello, un acto esperpéntico organizado en diez minutos por una panda de vagas sin cinco en el bolsillo ni para comprar una tarta y ofrecerla a los trabajadores del colegio. Pero no, porque alguien desde el inframundo, Carmen Borja, que siempre estaba durmiendo, levantó su cabeza del pupitre y dijo: “En sexto hay una pelaíta chiquita que tiene culo de voz, vamos a decirle a María Ahumada (la directora del grupo) que nos la preste pa que cante y así salimos de esa vaina y quedamos bien”.
María Ahumada nos quería muchísimo porque cuando años atrás fue nuestra directora de grupo nos comportamos como unas princesas de verdad y no se explicaba qué nos había pasado en el camino para convertirnos en princesas como las de Mónaco. Y allí nos aparecimos, Carmen, Merle y yo, con los ojos casi al borde de las lágrimas y en medio de excusas suplicamos: “Préstanos a la niñita que canta, mira que es un ratico, el acto nada más va a durar media hora”. María accedió y llamó a Mebarak que salió desde el fondo del salón cuan pulga era, con su mata de largo pelo negro peinado con un copete ochentero que la hacía parecer la mismísima prima hermana de los chicos de The Cure.
Estábamos salvadas. Casi. Porque confiadas como éramos a ninguna se nos ocurrió preguntarle a la pulga qué iba a cantar. Llegamos al acto, la anunciamos y sale la nena y canta “Acaríciame” de María Conchita Alonso que estaba en pleno furor. A mí me encantó aquello porque la criatura medía como un metro y tenía la misma voz que tiene ahora, lo cual la hacía parecer entre posesa y prodigio, pero lo que no me gustó ni cinco fue la cara de la monja directora del colegio cuando la chiquita decía: “…que estoy al rojo vivo, tómame, que soy todo latidos, toda piel”. Y mientras a mí me iba entrando la risa nerviosa a la monja la cara se le iba poniendo de varios colores. Después de aquello no sé qué pasó entre Shakira y la monja, si hubo o no regaño, llamado al orden para que únicamente cantara canciones de los Dummies o se cortara las venas directamente, pero lo que sí recuerdo claramente es su expresión cuando vino hacia nosotras, organizadoras de último minuto, y nos regaló con un “Típico de ustedes” al cual todavía casi veinte años después estoy tratando de dar sentido.
Llegado este punto aclaro que toda esta historia no es más que para intentar explicarme a mí misma porqué si Shakira era transgresora a los diez años y cantó una canción cuasi porno delante de las monjas, ahora le da miedo, de ser cierto el incidente, que el mundo sepa que se estaba fumando un porro en compañía de dos amiguetes, cosa que es de lo más normal en el planeta.
Lo cierto es que es una persona querida, con una imagen inmaculada como María Santísima y que nunca ha dado la nota en público cuya preocupación por el tema del porro puede ir más allá de la cosa publicitaria, y aquí en mi psicología de Carulla me atrevo a pensar que tiene más que ver con la educación judeo cristiana basada en la culpa recibida en el colegio, en donde no sólo se nos machacó con el discurso y la misa de los miércoles sino con el arma en la mano, el manual de valores de Santa María y cómo las compañeras de Santa María, que dicho sea de paso éramos todas porque no había opción de decir “No gracias”, estábamos obligadas a seguir el ejemplo de la Virgen en austeridad, sencillez, sinceridad, honestidad y no recuerdo cuantos valores más, porque eran tantos que si uno quería seguirlos todos mejor se iba a vivir a un convento de una vez y para siempre. Pero claro, a uno a los diez años todavía no le han terminado de comer el coco y actúa con la ingenuidad propia de la infancia que hace que la madre superiora se consuele diciendo un: “Bueno, al menos la pobre no sabe lo que quiere decir la canción”.
Diferente es la situación a los veinte, uno cree en el furor de la adolescencia que las monjas le “valen güevo”, que Barranquilla es un pueblo chiquito donde la gente sólo vive para criticar al vecino y que la virginidad no es más que un tapón de alberca. Pruebas superadas. Entonces va y se fuma el porro y si le da la traba bacana no pasa nada, pero si le da la traba maluca se le aparece la monja caradura y se le revuelve con el lenguaraz espíritu barranquillero diciendo que fulana es una burra y una zorra porque se tiró a mengano, sutano y perencejo. Conclusión, se te espanta la bartola y en el mejor de los casos corres a ver al terapeuta y a pagarle noventa mil pesos “exorcisa demonios”, ahora bien, si tienes una corte de publicistas, abogados y asesores de imagen los mandas a pegar brincos de marimonda correteando al papparazzi de las fotos, y a la del talk show y la revista sensacionalista en Miami que conoce al dedillo la expresión “retorno de inversión” y tiene clarísimo que no hay dinero que puedas pagarle que supere las ganancias que obtendrá publicando las fotos.
La prueba de la educación moralista, queda claro entonces, no ha sido superada y si Marvel Moreno para quitársela de encima se largó a París y no volvió al pueblo, muchos siguen en él a sabiendas de que son señalados pero conscientes de que en Barranquilla un escándalo no dura cuatro días y que si políticos corruptos y asesinos violadores de niñas andan libremente por ahí con el cinismo al aire, no hay razón por la cual un “mariguanero” confeso no pueda hacerlo.

2 comentarios:

Juan Ensuncho Bárcena dijo...

Bacano Mar. Acá sacas a relucir tu humor, tu buen gusto y tu manejo de la palabra. Cosas que todos los que te queremos siempre sacamos a relucir cuando hablamos de ti.
Besos,
Juan

Medea dijo...

Genial, Me pasaron el link a este post y lo he disfrutado un montón!